
LC 6º Pr Ud 4
Authored by Lucas Baeza
Arts
6th Grade
Used 27+ times

AI Actions
Add similar questions
Adjust reading levels
Convert to real-world scenario
Translate activity
More...
Content View
Student View
37 questions
Show all answers
1.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
La buena suerte
Por algunas aldeas remotas del norte de África circula una curiosa historia sobre un campesino sabio al que llamaban Rashid y que vivió en aquellas tierras hace muchos años. Cuentan que una mañana, muy temprano, Rashid se llevó una desagradable sorpresa: la puerta de la cuadra donde dormía su caballo estaba abierta y el animal había desaparecido. La noticia se propagó rápidamente por la aldea y los vecinos acudieron a casa del campesino, para acompañarlo en su aflicción y lamentar con él su desgracia: –¡Qué mala suerte has tenido! –dijo uno de ellos haciéndose eco de lo que pensaba el resto. Rashid reflexionó un instante y luego respondió: –¿Mala suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Nadie entendió aquellas palabras. Cualquiera en su lugar hubiera pensado que se trataba de un infortunio: Rashid le tenía un gran cariño al caballo, un ejemplar robusto y dócil, acostumbrado a pasar largas jornadas trabajando en el campo con su amo. Además, al campesino no le resultaría nada fácil reunir el dinero necesario para comprar otro animal. Las sorpresas de Rashid no habían acabado aún. Al día siguiente, oyó un inexplicable alboroto junto al establo, salió a ver de qué se trataba y comprobó con asombro que su querido caballo había regresado. Además, ¡no había vuelto solo! Lo acompañaba un joven potrillo, lleno de vitalidad, que se acercó a Rashid haciendo alegres cabriolas. Los vecinos acudieron de nuevo a casa de Rashid. Esta vez para congratularse con él. –¡Eres un hombre afortunado! ¡Quién hubiera pensado que el caballo iba a volver…! ¡Y, encima, acompañado! –¡Qué buena suerte tienes, hermano! –le decían. Rashid recibió las felicitaciones de sus vecinos con la misma prudencia con que antes había acogido sus lamentos. Y de nuevo volvió a decir: –¿Buena suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Algunos días después, Rashid y su hijo tuvieron que acudir a un pueblo cercano. Rashid iba montado en su caballo y Alim, su hijo, cabalgaba a lomos del potrillo. De pronto, un ruido entre los matorrales asustó al animal más joven, que frenó bruscamente y comenzó a agitarse hasta que se elevó sobre las patas traseras y tiró a su jinete. Como consecuencia del golpe, Alim se fracturó la pierna derecha. Los vecinos, conmovidos por el suceso, acudieron a ver cómo se encontraba Alim. Y, como no podía ser de otro modo, dieron su opinión sobre aquel desafortunado incidente: –¡Ya es mala suerte, Rashid! Recibes el potrillo como un regalo del cielo y mira qué consecuencias te ha traído. Más te hubiera valido no llegar a tener nunca ese animal. –¡Qué fatalidad! Ahora que se acerca el tiempo de la cosecha, con todo el trabajo por hacer… Rashid escuchaba sin inmutarse las quejas sobre su propia desgracia. Y repetía incansable su extraña letanía, que a los demás habitantes del pueblo seguía resultándoles incomprensible. –¿Mala suerte? Ya se verá… ¡La vida da muchas vueltas! Y así fue. Dos semanas después, el reino en el que vivía Rashid entró en guerra con un país vecino. Inmediatamente, se necesitaron soldados y los jóvenes tuvieron que alistarse en el ejército. Todos los muchachos de la aldea partieron hacia la guerra, salvo Alim, que se libró porque no podía caminar. Los atribulados vecinos de Rashid se quejaban: –Nuestros hijos van camino de una guerra incierta. ¡Qué desgracia! ¡Cómo íbamos a suponer que podría ocurrir una cosa así! –Comprendo y lamento vuestra tristeza –les decía Rashid compungido. Uno de los vecinos añadió: –En cambio tú, Rashid, debes considerarte el hombre más afortunado del mundo: tu hijo Alim está contigo, a salvo, gracias a la caída del caballo… Como era habitual en él, Rashid se tomó unos segundos para reflexionar y luego respondió: –¿Veis? Os lo dije: nunca se sabe cuál es la suerte… ¡La vida es así!
¿Cuáles son los hechos afortunados del cuento?
Alim se libra de ir a la guerra y el caballo perdido de Rashid vuelve al día siguiente con un potrillo.
Rashid gana dinero con la venta del potrillo.
Alim puede ayudar a su padre en la cosecha gracias al potrillo.
El reino de Rashid gana la guerra.
2.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
La buena suerte
Por algunas aldeas remotas del norte de África circula una curiosa historia sobre un campesino sabio al que llamaban Rashid y que vivió en aquellas tierras hace muchos años. Cuentan que una mañana, muy temprano, Rashid se llevó una desagradable sorpresa: la puerta de la cuadra donde dormía su caballo estaba abierta y el animal había desaparecido. La noticia se propagó rápidamente por la aldea y los vecinos acudieron a casa del campesino, para acompañarlo en su aflicción y lamentar con él su desgracia: –¡Qué mala suerte has tenido! –dijo uno de ellos haciéndose eco de lo que pensaba el resto. Rashid reflexionó un instante y luego respondió: –¿Mala suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Nadie entendió aquellas palabras. Cualquiera en su lugar hubiera pensado que se trataba de un infortunio: Rashid le tenía un gran cariño al caballo, un ejemplar robusto y dócil, acostumbrado a pasar largas jornadas trabajando en el campo con su amo. Además, al campesino no le resultaría nada fácil reunir el dinero necesario para comprar otro animal. Las sorpresas de Rashid no habían acabado aún. Al día siguiente, oyó un inexplicable alboroto junto al establo, salió a ver de qué se trataba y comprobó con asombro que su querido caballo había regresado. Además, ¡no había vuelto solo! Lo acompañaba un joven potrillo, lleno de vitalidad, que se acercó a Rashid haciendo alegres cabriolas. Los vecinos acudieron de nuevo a casa de Rashid. Esta vez para congratularse con él. –¡Eres un hombre afortunado! ¡Quién hubiera pensado que el caballo iba a volver…! ¡Y, encima, acompañado! –¡Qué buena suerte tienes, hermano! –le decían. Rashid recibió las felicitaciones de sus vecinos con la misma prudencia con que antes había acogido sus lamentos. Y de nuevo volvió a decir: –¿Buena suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Algunos días después, Rashid y su hijo tuvieron que acudir a un pueblo cercano. Rashid iba montado en su caballo y Alim, su hijo, cabalgaba a lomos del potrillo. De pronto, un ruido entre los matorrales asustó al animal más joven, que frenó bruscamente y comenzó a agitarse hasta que se elevó sobre las patas traseras y tiró a su jinete. Como consecuencia del golpe, Alim se fracturó la pierna derecha. Los vecinos, conmovidos por el suceso, acudieron a ver cómo se encontraba Alim. Y, como no podía ser de otro modo, dieron su opinión sobre aquel desafortunado incidente: –¡Ya es mala suerte, Rashid! Recibes el potrillo como un regalo del cielo y mira qué consecuencias te ha traído. Más te hubiera valido no llegar a tener nunca ese animal. –¡Qué fatalidad! Ahora que se acerca el tiempo de la cosecha, con todo el trabajo por hacer… Rashid escuchaba sin inmutarse las quejas sobre su propia desgracia. Y repetía incansable su extraña letanía, que a los demás habitantes del pueblo seguía resultándoles incomprensible. –¿Mala suerte? Ya se verá… ¡La vida da muchas vueltas! Y así fue. Dos semanas después, el reino en el que vivía Rashid entró en guerra con un país vecino. Inmediatamente, se necesitaron soldados y los jóvenes tuvieron que alistarse en el ejército. Todos los muchachos de la aldea partieron hacia la guerra, salvo Alim, que se libró porque no podía caminar. Los atribulados vecinos de Rashid se quejaban: –Nuestros hijos van camino de una guerra incierta. ¡Qué desgracia! ¡Cómo íbamos a suponer que podría ocurrir una cosa así! –Comprendo y lamento vuestra tristeza –les decía Rashid compungido. Uno de los vecinos añadió: –En cambio tú, Rashid, debes considerarte el hombre más afortunado del mundo: tu hijo Alim está contigo, a salvo, gracias a la caída del caballo… Como era habitual en él, Rashid se tomó unos segundos para reflexionar y luego respondió: –¿Veis? Os lo dije: nunca se sabe cuál es la suerte… ¡La vida es así!
¿Cuáles son los hechos desafortunados del cuento?
Rashid pierde a su caballo.
Rashid no tiene dinero para alimentar al potrillo.
Rashid no puede recoger la cosecha ese año.
3.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
Marca el análisis correcto.
Las he regado esta mañana.
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
4.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
Marca el análisis correcto.
Si queréis os llevo a casa.
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
5.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
Marca el análisis correcto.
Llego con ellas por la tarde.
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
6.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
Marca el análisis correcto.
Vino de vacaciones conmigo.
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
7.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
Persona que tiene por oficio trabajar en el fondo del mar.
buzo
vuzo
Access all questions and much more by creating a free account
Create resources
Host any resource
Get auto-graded reports

Continue with Google

Continue with Email

Continue with Classlink

Continue with Clever
or continue with

Microsoft
%20(1).png)
Apple
Others
Already have an account?